Todo lo relacionado con el Grupo Némesis y su temática...
La sombra del ángel
Pensar en ángeles nos lleva a visualizarlos con redondas caritas de bebé, bucles rubios ensortijados y un par de suaves alitas. Pero los ángeles verdaderos eran unos guerreros tremendos, justicieros e incluso, en ocasiones, malvados. Por supuesto, sin hablar de los ángeles negros, dedicados a todo tipo de tormentos sobre las almas afligidas. Su apariencia también dista mucho de la imagen que nos vende la sociedad de consumo; si estuviéramos en presencia de un ángel probablemente se nos cortaría la respiración. La sombra del ángel ofrece una visión de estas criaturas muy distinta de la que estamos acostumbrados.



Índice

Leonor Calvera_Las paradojas angélicas
Sergio Scott Porrás: Ángel
Jorge Cruz. Los "ángeles negros" en La Divina Comedia
Amalia Radaelli. Psicología del ángel
Beatriz Schaefer Peña. El que lleva la luz / El ángel ciego
Sara Rioja. Seráficas
Susana Fernández Sachaos. Ángeles y artistas
Anny Guerrini. El ángel y las cenizas
Sally Arrivillaga. Recuerdos del ángel
Susana Dillon. La muerte del angelito
María Raquel Fischer. El ángel al cuidado del hombre

Coordinación general:
Leonor Calvera - Beatriz Schafer Peña
Ilustraciones:
Mariano Gómez






Las paradojas angélicas
Leonor Calvera


El pensamiento, las emociones, la capacidad razonadora, suelen extraviarse en la jungla de informaciones tendenciosas, datos erróneos, opiniones interesadas y seudo interpretaciones que van construyendo densas capas de oscuridad y ocultamiento sobre los datos primeros de un símbolo o un mito. De tal manera, no es infrecuente que la opinión trillada sostenga lo contrario de lo que se desprende de las fuentes originales. Así ocurre con el tema del ángel.

Los ángeles están presentes en el Antiguo y el Nuevo Testamento* y en el Corán,** esto es, en las escrituras fundacionales de tres de las más grandes religiones históricas. Sin embargo, ya se los menciona en viejos textos acadios, hinduistas y ugaríticos. Todos estos documentos coinciden en afirmar que son criaturas puramente espirituales, libres de materia. Asimismo sostienen que carecen de sexo, que son poderosos, santos, respetuosos, sabios y obedientes.

La etimología de su nombre -malakl en hebreo, angellos en griego- "mensajero", da cuenta de una de sus múltiples funciones, la de ser intermediarios entre lo celeste y lo terrestre, siendo también parte de su ministerio la ejecución de las leyes divinas, la protección de los elegidos, la guardia contra los enemigos de Dios y la instrumentación para llevar a cabo los planes de Su divina providencia. Por supuesto que los ángeles caídos quedaron exentos de estas funciones, asumiendo otras, pero, en rigor de verdad, ya no se trataría de ángeles sino de demonios.

Según la Biblia, fueron creados mucho antes que el hombre como espíritus no sujetos a las limitaciones humanas, incluida la limitación máxima, la muerte. Su naturaleza es ser "superiores en fuerza y en poder" (Salmos 103.20; II Pedro 2.11) y tienen personalidad, intelecto y voluntad. Estos seres gloriosos son capaces de sentir emociones tales como el gozo y el deseo de alabanza (Job 38.1; Lucas 2.13-15)

Su número es incierto. Aunque la Cábala reconoce sólo setenta y dos, muchos rabinos, en coincidencia con los musulmanes, opinan con humor que, si el hombre fuera capaz de verlos, no podría ver nada más. Lo cierto es que se puede asegurar que la cantidad estable es muy alta por cuanto se dice que son "millones de millones" (Daniel 7.10), compañías de "muchos millones" (Hebreos 12.22) o "multitud de huestes celestiales" (Lucas 2.3)

Estos ejércitos están organizados conforme a su proximidad a Dios. El Pseudo Dionisio el Aeropagita, en procura de sistematizar los datos bíblicos, elaboró al respecto una teoría en su Tratado de las Jerarquías Celestes. Allí vemos que los ángeles están organizados en tres tríadas, siete órdenes o nueve coros. La primera tríada -la más cercana a Dios- está compuesta por los serafines, los querubines y los tronos; la segunda por las dominaciones, las virtudes y las potestades y la tercera y última -contigua a los hombres- por los principados, los arcángeles y los ángeles.

Todo dulzor es amargo

En el habla cotidiana se suele decir "es un ángel", "es angelical" para adjetivar a un ser en extremo bondadoso o inocente, grato o afable. Aún cuando hay muchos que responden a estas cualidades, otros, como los ángeles de la primera tríada, desmienten en sus obras las cualidades de candor, sosiego y paz con que suele identificárselos.

Los serafines nos ubican en medio del fuego devorador, dado que, según la semántica, son los "ardientes" o los "que queman"***. En Números (21.6) se dice que Yahvé "envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo" y en Isaías (6.6) "voló…uno de los serafines teniendo en su mano un carbón encendido". Fuego del castigo en manos de estos ángeles ígneos encargados de adorar permanentemente a Dios. Asimismo, sin vacilar, los ángeles que salvan a Lot "a los hombres que estaban a la puerta de la casa hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor" (Génesis 19-11)

Pero su furor y violencia se alzan arbitrariamente contra unos y otros. Yahvé hubo de decirle "detén tu mano" al ángel que la había extendido sobre Jerusalén para destruirla (II Samuel 24.16) Y luego, en la batalla entre israelitas y asirios "…aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil y, cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo eran cuerpos de muertos" (II Reyes 19-20)

Vengativo, ante la rebeldía de los hombres a sus mandatos, sentencia "no perdonaré vuestras transgresiones" (Éxodo 23.20) Y cuando no es obedecida su orden de destruir los altares de los viejos dioses, afirma "No los arrojaré delante de vosotros: serán vuestros opresores y sus dioses una trampa para vosotros" (Jueces 2.1)

Los querubines, segundos en proximidad a Dios, cantan sus alabanzas y, según Dionisio, su apelación enseña "la aptitud de conocer y contemplar a Dios, de recibir los más altos dones de su luz". Sin embargo, Yahvé los utiliza en su antigua función babilónica -su nombre deriva del hebreo kerub y éste del babilónico karibú- de custodios y los ubica "al oriente del huerto del Edén" junto a "una espada encendida que se revolvía por todos lados" (Génesis 3.24) para impedir al hombre acceder al camino del árbol de la vida y el conocimiento.

Todos estos bravos ángeles, los "hijos de Dios", como los llama Job (1.6), perdieron un tanto sus arrestos bélicos a partir del profetismo posterior a Zacarías. De allí en más cumplieron más estrechamente sus funciones de anunciadores de nuevas, tanto verdaderas como falsas.
Jesús, que es superior a los ángeles (Hebreos 1. 5 y sig) está colocado "a la cabeza de todo principado y potestad" (Colosenses 2.10), más aún, "los ángeles, las dominaciones y las potestades" (I Pedro 3.22) le están por completo sometidas siendo éstos, según la tradición, los Guardianes del Orden, vale decir, una especie de fuerza policial que debiera asegurar el cumplimiento de la voluntad divina en el mundo. Junto a los "ángeles de su poder" (II Tesalonicenses 1.7), con las doce legiones que puede convocar, siempre adorado y servido por ellos, se manifestará al final de los tiempos para castigar a los hombres. Entonces los ángeles volverán a encontrarse en todo su esplendor bélico como intérpretes de la ira divina cuando esparzan sobre la tierra las siete plagas del exterminio para todo aquél que no haya guardado los mandamientos de Dios y la fe de Jesús (Apocalipsis 14. 6 y sig.)

Guerreros poderosos, fuertes, con espadas abrasadoras, portadores del fuego destructor, anunciantes de hechos catastróficos, derramando plagas sobre el mundo, vengativos y airados: los ángeles de las Escrituras hacen trizas los fundamentos de su actual imagen de bondad y dulzura.


Las apariencias engañosas

"…su aspecto era como el del Ángel,
temible en gran manera"(Jueces 13.6)


El imaginario popular visualiza a los ángeles regordetes, coronados de bucles, con mejillas rosadas y una expresión apacible, enteramente humana, atenta y circunspecta. Quizá por pereza mental, quizá por temor o conveniencia, se enmascaran así los seres originales cuya apariencia dista inmensamente de esta iconografía.

Algunos, los menos aterrorizantes, ascienden en medio de llamas (Lucas 13.20); Isaías "en el año que murió el rey Uzías" ve al Señor sentado en su trono y "por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas, con dos cubrían sus rostros; con dos cubrían sus pies y con dos volaban" (Isaías 6.12) Si los serafines son herederos directos del dios serpiente Sherah, del cual toman su nombre, no es de extrañar que se avergonzaran de tener pies y precisaran ocultarlos.

Aun cuando éstos son extraños, los hijos de Dios de la profecía de Ezequiel los aventajan largamente. Como siempre, llegan en medio de una nube de fuego y viento en cuyo centro había "como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma humana. Tenían cuatro caras y cuatro alas cada uno. Sus piernas eran rectas y las plantas de sus pies como la planta de la pezuña de un buey, y relucían como el fulgor del bronce bruñido. Bajo sus alas había unas manos humanas vueltas hacia las cuatro direcciones, lo mismo que sus caras y sus alas, las de los cuatro. Sus alas estaban unidas una con otra; al andar no se volvían; cada uno marchaba de frente. En cuanto a la forma de sus caras, era una con cara de hombre, y los cuatro tenían cara de león a la derecha, los cuatro tenían cara de toro a la izquierda y los cuatro tenían cara de águila. Sus alas estaban desplegadas hacia lo alto: cada uno tenía dos alas que se tocaban entre sí y otras dos que le cubrían el cuerpo" (Ezequiel 1.1-11) Entre estas criaturas por demás extrañas y atemorizantes "había algo como brasas incandescentes, con aspecto de antorcha" y ellos mismos "iban y venían con el aspecto del relámpago" (Ezequiel 1.11-14) Y junto a los seres de cuatro caras "había una rueda en el suelo" que avanzaba al paso de aquellos y "su circunferencia tenía gran altura, era imponente, y la circunferencia de las cuatro (ruedas) estaba llena de destellos todo alrededor" (Ezequiel 1.18)

Juan, en el Apocalipsis que le diera a conocer el Ángel enviado por Dios, confirma la visión espantable y atemorizadora de Ezequiel. En primer lugar describe el trono de Dios, coronado por el arco iris, del cual salían "relámpagos y fragor y truenos" y agrega que delante del trono había siete antorchas de fuego y ""como un mar transparente semejante al cristal". Luego nos ofrece la visión de los hijos mismos de Dios: "En medio del trono y en torno al trono, cuatro Vivientes llenos de ojos por delante y por detrás. El primer Viviente, como un león; el segundo Viviente, como un novillo; el tercer Viviente, tiene rostro como de hombre; el cuarto Viviente es como un águila en vuelo. Los cuatro Vivientes tienen cada uno seis alas y están llenos de ojos todo alrededor" (Apocalipsis 4.3-8). Sin duda para calmar el terror de quienes los contemplen "repiten sin descanso día y noche Santo, Santo, Santo, Señor todopoderoso, Aquel que era, que es y que va a venir" (Ibid)

No todas las "criaturas de Dios" tienen una apariencia tan rara y temible. Los ángeles y sus adalides, los arcángeles (del griego arkhós, jefe) -a cuatro de los cuales se mencionan en los escritos sagrados por su nombre- suelen andar mezclados entre los hombres, a punto tal que se recomienda hospedar al extranjero que lo solicite porque puede ser un ángel que se nos ha enviado (Hebreos 13.1)

Estos miembros del último coro que ostentan un solo par de alas, a diferencia de los dos pares de los querubines y las seis alas de los serafines, se encuentran en los escalones inferiores de la férrea organización en milicia de los ángeles, siendo los más cercano a los humanos. Cuando interactúan con los mortales, cumplen una gama muy amplia de tareas que van desde ejecutar las órdenes divinas (Salmos 103.20) y ordenar la ley (Gálatas 3.19; Hechos 7.53) hasta realizar juicios sobre los enemigos de Dios (Hechos 12.33; II Reyes 19.35) o ayudar a Su gente (Hebreos 1.14; Hechos 12.7); II Reyes 6.17; Salmos 91.11)

El género sin sexo

Cuando los ángeles transitan la tierra, contrariando su naturaleza etérea original, tienen un cuerpo físico que, entre otras funciones, ingiere alimentos (Génesis 19)
Ese cuerpo físico es siempre masculino, ya que no se hace mención de ángeles mujeres en las Escrituras. Pero no siempre fue así. En tiempos védicos, en la India, las almas benditas "que renacen en el mundo celestial de Indra" reciben la dicha que emana de los ángeles femeninos "siempre deseables, siempre complacientes"**** Y lo propio ocurría con los guerreros persas.

Sin duda, los primeros ángeles fueron mujeres, como lo corrobora el símbolo egipcio de tjet, cuya forma de ángel representaba la matriz de Isis. En el pasaje de las concepciones materno-lunares politeístas a las cosmovisiones monoteístas de corte paterno-solar, los ángeles se fueron masculinizando y, a la par, perdieron su sexo. Esto es, a partir del patriarcado, se produce la curiosa situación de seres sin sexo pero, contradictoriamente, con género. Al separarse el papel sexual privado del papel de comunicación pública del género, se aparta a las mujeres, que quedan reservadas para la escena particular, siendo lo social territorio masculino exclusivo.

No obstante, alguna vez a los ángeles masculinos no les estuvo vedado el sexo y, por tanto, el casamiento (Mateo 22.30) y la procreación.
En tiempos en que "la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas vieron los hijos de Dios que las hijas de los hombres les venían bien y tomaron por mujeres a las que preferían entre todas ellas" (Génesis 6.1-3) El relato bíblico se torna oscuro en este pasaje al afirmar que por entonces existían en la tierra los nefilim, que siguieron existiendo "cuando los hijos de Dios se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos" (Génesis 6.1-12)

Uno de los evangelios apócrifos, El Libro de Henoch, se extiende en cambio largamente sobre este punto. Afirma que, de la unión de los ángeles con las hijas de los hombres, nacieron tres generaciones sucesivas: los gigantes, los nefilim y los eliud. Los ángeles instruyeron entonces a sus amantes sobre los hechizos y cómo romperlos, el significado de las estrellas, el secreto de los presagios y el curso de la luna, entre otros temas. La enseñanza impartida a las mujeres, junto con los excesos de los descendientes angélicos, suscitaron la ira de Yahvé que sentenció: "Voy a exterminar de sobre la haz del suelo al hombre que he creado -desde el hombre hasta los ganados, las sierpes, y hasta las aves del cielo- porque me pesa haberlos creado" (Génesis 6-7). Y envía el Diluvio sobre la tierra, del cual sólo salva a Noé junto con una pareja de cada especie.

San Justino, uno de los principales teóricos del culto de los ángeles, confirma que los ángeles mantuvieron relaciones sexuales con las mujeres de la raza humana y procrearon demonios, por lo cual fueron castigados. A "los ángeles, que no mantuvieron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada" Yahvé "los tiene guardados con ligaduras eternas bajo tinieblas para el juicio del gran Día" ( San Judas. 6)

Una vez más, El Libro de Henoch es más explícito que la Biblia cuando pone en boca de Yahvé estas palabras: "…haz saber a los vigilantes del cielo…que han abandonado el cielo altísimo, el lugar santo, eterno, y que se han asociado con las mujeres y han hecho como hacen los hijos de los hombres, y han tomado mujeres, y se han corrompido con una gran corrupción sobre la tierra: No habrá para ellos ni paz ni remisión del pecado" (Cap.I)

En cuanto a las mujeres, las que han seducido a los ángeles sufrirán el castigo de ser convertidas en sirenas en tanto las demás mujeres, las de "futuras generaciones" habrán de "tener la señal de potestad sobre su cabeza" (Corintios 11.10)

El ángel de la guarda

La complejidad del trato con los ángeles, el estudio de sus funciones, sus peculiaridades y atributos se convirtió, a partir de 1745, en una disciplina que recibió el nombre de "angeología". Nada más oportuno ya que las relaciones con los ángeles están abarrotadas de riesgos. Es verdad que hay numerosos casos en que los ángeles ayudan a algún mortal, o le anuncian dulces nuevas o le conceden algún favor. Pero, sea porque los amamos demasiado o quieran amarnos sin límites, sea porque vienen a llevarse el alma de un difunto o porque desencadenen catástrofes o se venguen de los enemigos, su proximidad suele ser peligrosa. Incluso no son confiables aunque se presenten bajo una apariencia de luz ya que bajo ese disfraz pueden ocultarse aviesas intenciones (II Corintios 10-14)
En consecuencia, no es conveniente invocarlos porque se supone que invocar a un espíritu por su nombre, sea ángel o demonio, pertenece al dominio de los encantamientos mágicos, severamente prohibidos por las jerarquías eclesiásticas desde el 787 d.C. Porque si los ángeles actuaran independientemente, amenazarían la noción íntegra del monoteísmo.

No obstante, de los anales mágicos surgió el concepto del ángel de la guarda, emparentado con el daemon de los griegos. Aunque no es ni lejanamente un artículo de fe, la idea del ángel guardián fue sostenida por San Jerónimo en base a que las Escrituras relatan el papel protector que juegan algunos ángeles (Cf. Génesis 19, 21, 49) al punto que Jesucristo anuncia que puede convocar hasta setenta y dos legiones de ángeles para ampararlo (Mateo 26.53). A nivel general, los Principados, el coro número siete en la jerarquía angélica, tendrían a su cargo la protección de la religión y de las naciones, según una oblicua referencia del Nuevo Testamento (Romanos 8)
El Pseudo Dionisio el Areopagita, Orígenes, Clemente de Alejandría y San Basilio, entre otros, no vacilaron en reconocer la protección que ejercen los ángeles, su poder revelador y su condición de guías para los humanos.

El mensaje angélico

Además de las interpretaciones teológicas dadas por los diferentes credos a la existencia de los ángeles, luego de la destrucción del Templo comenzó a abrirse paso el concepto de que configuraban una simbología para representar las estrellas (Apocalipsis 1.20; 9.1; 12.4). Poco a poco se fueron sucediendo otras opiniones y tendencias que vieron en ellos símbolos de orden espiritual.
Esta corriente de pensamiento, que se destaca actualmente, propende a verlos como producto de nuestras acciones, hechura de nuestros sueños. Jung los llama "símbolos antropomórficos" de nuestras emociones y sentimientos y Rilke señala que en el ángel aparece realizada la transfiguración de lo visible en invisible a la que se inclina el hombre.

¿Metáfora o realidad o metáfora y realidad? Quizá la distancia entre lo espiritual y la materia no sea tan enorme como creemos en Occidente. Lo cierto es que, aun cuando sean una proyección de nosotros mismos, todos sabemos que, según la fuerza que tengan las ideas y los sueños, acaban por convertirse en realidad.

Ante tantos ángeles y demonios que pueblan el mundo, y siendo esta una época de grandes crisis, de rivalidades y contiendas, la gente, desamparada, vuelve una mirada plena de esperanza a una ayuda que no sea de esta tierra, que no sea un fatigoso producto humano. Como tantas veces ocurriera a lo largo de la historia, ahora se busca en lo milagroso, en lo que está fuera de lo humano, el conocimiento, la protección y el amor que el hombre le niega al hombre. Entonces nos refugiamos en viejas y nuevas creencias; y nos refugiamos en las magias; y nos refugiamos en los ángeles para exorcizar los demonios. Pero, ¿qué demonios podremos alejar con estos ángeles de formas monstruosas, despiadados, sangrientos y vengativos? ¿O quizá ambos, ángeles y demonios, estén más próximos de lo que creemos y acaben por fundirse en un solo ente donde los opuestos se desvanecen, en la Gran Unidad primera y última?


*Biblia de Jerusalén. Bilbao,1975.
**El Sagrado Corán. Buenos Aires, 1975.
***Leonor Calvera. Historia de la Gran Serpiente. Buenos Aires, 2000.
****Heinrich Zimmer. Myths and Symbols in Indian Art and Civilization. Princeton. 1946.


Ángel
Sergio Scott Porrás

Me lo sugieres: hoy estoy vacío
y mi entorno es el de siempre.
Pero en mi vaso de vino, oh ángel,
has venido a visitarme
con tu largo vestido rojo.
Y allí busco tus alas, busco ese perfume
de tus cabellos rayados
perdiéndose en la columna del cuello,
oh ángel,
ya sin miedo a la eterna quietud.
Por donde mire te apareces
en esta silenciosa ensoñación
y me salvas del naufragio, oh ángel,
desde la suave palma de tu voz serena.
En el cansancio acaba la noche
y cada vez más lejos de éste, mi lugar,
regreso a la locura de no verte, oh ángel.

¡Llévame contigo en la barca del sol!

 


Los "Ángeles negros" de La Divina Comedia
Jorge Cruz


En el Convivio, una de sus obras teóricas, Dante habla del número y de la situación de los cielos, de quiénes los mueven y de la existencia de los ángeles y de su jerarquía. Son los ángeles -dice el poeta- seres creados por Dios; mueven los cielos y son bienaventurados cuya existencia está atestiguada por la revelación. En el mismo tratado afirma que Dios creó a los ángeles malos, pero no su malicia.

Ellos se manifiestan plenamente en el Infierno, la primera cántica de la Divina Comedia. La región inferior, subterránea, es su morada, y en ella, estos demonios o "ángeles negros" -la frase es de Dante- cumplen con prontitud y saña la función de acentuar el castigo de sus víctimas atormentándolas.

Dante toma estos seres infernales de la tradición evangélica y de la tradición judaica, según se manifiesta en el Viejo Testamento, y los toma asimismo de los escritores cristianos que a lo largo de los siglos habían explicado esa sabiduría sagrada. Por cierto que los realza gracias a su viva imaginación, y gracias, sobre todo, a la potencia de su lenguaje poético, que compite, especialmente en el Infierno y en el Purgatorio, con las artes visuales. Es el poeta quien da a su "visión" de los reinos del más allá esa presencia que seduce nuestros sentidos; es el poeta quien da a esos reinos su arquitectura; a los castigos, sus grados y su manera de cumplirse; a los demonios (denominación de origen griego), su aspecto y su impaciente actividad.

"La Escritura -se lee en el Catecismo de la Iglesia Católica (1992)- habla de un pecado de esos ángeles. Esta 'caída' consiste en la elección libre de estos espíritus creados que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su Reino". Según el Génesis, Satanás (denominación de origen hebreo) prometió a nuestros primeros padres ser como dioses. Por su parte, el evangelista Juan dice que Satanás es "pecador desde el principio", y lo llama "padre de la mentira". Su reino es el infierno y allí lo sitúa Dante en la primera cántica del poema. Pero ni él ni la cohorte satánica aparecen en seguida. El autor les reserva los sitios más profundos y estrechos en el gran embudo que es el reino de las sombras. En esos fondos se purgan los peores pecados.

Los demonios pululan en una zona del infierno que Dante llama Ciudad de Dite. Dite es otro nombre de Plutón, el mitológico rey de los infiernos. En la entrada de este ámbito, los demonios se agolpan para impedir el paso a los caminantes. Virgilio les explica las razones del viaje de Dante por los reinos de ultratumba, pero ellos no escuchan sus argumentos y cierran la puerta. Los poetas se ven obligados a retroceder.
Virgilio calma la turbación de Dante diciendo que pronto llegará alguien gracias al cual podrán entrar en esa otra zona infernal. Un ruido tremendo anuncia a un mensajero del cielo que marcha sin dificultad sobre las aguas de la laguna Estigia y con una varita abre la puerta de la Ciudad de Dite. Virgilio y Dante podrán proseguir su viaje hacia lo profundo. Aunque no se dice expresamente, el mensajero es un ángel, que cumple así su papel más propio: el de mensajero y mediador de Dios.

La ciudad de Dite posee una zona -el octavo círculo, el de los fraudulentos- donde los demonios se tornan particularmente visibles. Ese círculo es llamado Malebolge, cuyo equivalente en castellano sería "Malasbolsas". En ellas están metidos los condenados. Las bolsas -vocablo también traducido por simas o fosas- del octavo círculo son diez, y en su interior padecen los rufianes y los seductores, los aduladores, los simoníacos (es decir, los que comercian con cosas espirituales), los adivinos, los estafadores, los hipócritas, los ladrones, los consejeros malvados, los sembradores de escándalos y de discordia, y finalmente los falseadores de metales, personas, monedas y palabras.

En la primera fosa, los rufianes y seductores son fustigados por diablos (otra denominación de origen griego) provistos de cuernos. La pena de la fusta se consideraba sumamente infamante en la Edad Media. Los aduladores, en la segunda fosa, sufren sumidos en excrementos humanos. Los simoníacos, en la tercera, están metidos cabeza abajo en pequeños agujeros hasta la pantorrilla y la planta de sus pies echan llamas. Los adivinos, en la cuarta, tienen la cabeza torcida hacia la espalda, y los estafadores, en la quinta fosa, se hunden en una especie de alquitrán hirviente. Dante les dedica a estos últimos los cantos XXI y XXII. En ninguna de las múltiples secciones de su infierno los diablos abundan y se afanan tanto.

En efecto, los estafadores padecen el ataque de los demonios cada vez que uno de sus miembros saca la cabeza, o alguna otra parte del cuerpo, del alquitrán en que están sumergidos. Por haber sido falsos y desleales, son mortificados por unos diablos igualmente mentirosos y aviesos, llamados "Malebranche", una denominación que podría traducirse "malasramas" o "malasmanos", designación que, como explica Ángel J. Battistessa en el comentario de su versión del Infierno, "cuadra a los demonios que vigilan a los condenados de esta fosa, sirviéndose de las manos y de algún aditamento, garfios, etcétera."

En el canto siguiente, el XXIII, el poeta florentino ve venir a los diablos con las alas tensas, dispuestos a apresarlos a él y a su guía. Pero Dante y Virgilio ya han pasado a la fosa sexta, la de los hipócritas, hasta la cual aquellos diablos no pueden llegar. Los hipócritas caminan en fila, vestidos con pesadas capas de plomo, externamente doradas; los ladrones, en la fosa séptima, corren entre serpientes, sometidos a horribles metamorfosis; los consejeros malvados, en la octava fosa, giran envueltos en una llama que no los deja ver; en la novena, los sembradores de escándalos y discordias son heridos por un diablo.

Finalmente, en la décima fosa están los falseadores de metales (los alquimistas), que padecen lepra; los falseadores de personas, que corren rabiosos mordiendo a otros condenados; los falseadores de monedas, que, atormentados por la hidropesía, tienen una sed tremenda; y los falseadores de palabras, atormentados por la fiebre.

Virgilio y Dante dejan Malebolge, el círculo octavo, y entran en el noveno, un lago helado donde penan los traidores. Uno de los gigantes que rodean el pozo colocan a los condenados en su fondo. Allí encuentran a los traidores de los parientes, metidos en el hielo hasta la cabeza, con la cara vuelta hacia abajo; los traidores políticos, también sumergidos; los traidores a los huéspedes, tendidos sobre el hielo, con la cara descubierta y los ojos cerrados por lágrimas heladas; y los traidores a los benefactores, bajo el hielo y en diversas actitudes, donde se hallan Judas, traidor de Cristo, y Bruto y Casio, traidores de César. Estos tres personajes son triturados por las tres bocas del mismo Satanás.

El viajero y su guía han llegado a lo más hondo del reino infernal. Allí, en el centro de la tierra, está enclavado Lucifer (denominación de origen latino). Por haber provocado la perdición de la primera pareja humana, fue precipitado a tierra. El Apocalipsis le da el nombre de "astro caído", aquel a quien se le entrega "la llave del pozo del abismo". La denominación de astro caído explica ese otro nombre del Demonio. Lucifer es el portador de la luz, pero, por haber caído, se identifica con Satanás.

Al llegar al fondo del gran embudo, reservado a quienes han traicionado a sus benefactores, Virgilio le indica a Dante que mire adelante. Al poeta florentino le parece ver, entre las sombras, un gran molino de viento. Pero cuando avanza hacia el centro, la visión de Lucifer se torna nítida y espantable, De la cintura hacia arriba, su enorme cuerpo sobresale por encima del hielo.

Aludiendo y contraponiéndose a la Trinidad, la gran cabeza posee tres caras de tres colores distintos, y debajo de cada una de ellas nacen dos grandes alas, semejantes a las del murciélago. Al agitarse, provocan el viento a causa del cual el lago Cocito se congela. Llora con seis ojos, y las lágrimas que caen de las tres caras se mezclan con la baba que brota sangrienta de las tres bocas. Cada una de ellas tritura a los tres peores condenados, es decir, Judas, Bruto y Casio. Judas traicionó a Dios, y Bruto y Casio, al asesinar a César, traicionaron al Imperio. Dios y el Imperio, eran las fuerzas supremas para Dante y para el hombre medieval.

Lucifer está en el centro de la Tierra. Al pasar al otro hemisferio, los caminantes trepan por las piernas diabólicas en camino hacia el Purgatorio, que se levanta como una montaña en medio del mar. Los ángeles negros desaparecen para dar lugar al ángel nauta, a los ángeles que ponen en fuga a la serpiente tentadora, al Ángel portero, al de la humildad, al de la caridad, al de la paz, al de la solicitud, al de la usticia, al de la abstinencia, al de la pureza y al ángel custodio de la escalera por donde se sube al Paraíso Terrenal. En el Paraíso, finalmente, la tercera cántica del poema, triunfan los seres angélicos en todas sus jerarquías: los Ángeles, los Arcángeles, los Principados, las Potestades, las Virtudes, las Dominaciones, los Tronos, los Querubines y los Serafines. Los seres angélicos alcanzan allí su perfecta gloria.


Psicología del ángel
Amalia Radaelli


Si tuviéramos que definir la condición humana diríamos que el hombre es un ser que posee sentimientos, aspectos positivos y negativos, lenguaje lógico y conceptual, pero lo que lo singulariza y destaca es su imaginación poética mediante la cual se comunica y crea cultura. Así decimos: el lenguaje del arte, el lenguaje de la pintura, el lenguaje del cine y hasta podemos referirnos al lenguaje caótico que hablan ciertas personas carenciadas, lamentablemente, de educación e instrucción.
Pero, ¿quién es?, ¿cómo aparece el ser humano en la tierra?
Las religiones y el culto sagrado lo explican. En la tradición judeo-cristiana, el Génesis del Antiguo Testamento relata que Dios hizo los Cielos y la Tierra. En el Cielo están los Ángeles, seres celestiales, agentes mediadores entre Dios-Jehová y su obra terrenal.

Dios plantó un huerto, el Edén, y allí puso un hombre a su imagen y semejanza, que del polvo había hecho nacer. Dios-Jehová consideró que no era bueno que el hombre estuviera solo y de una costilla del mismo creó a la mujer "varona" porque del varón había sido tomada. En el Edén había árboles para alimentarse y uno en especial, el árbol del bien y del mal, del cual Dios les prohibió comer.

Tentada la mujer por la serpiente, desafió la prohibición, comió del árbol y le dio de comer al hombre Adam. La ira divina los expulsó del Edén, condenándolos a labrar la tierra y parir los hijos con dolor. Asimismo, Dios colocó en el Edén querubines o angelitos para que guardaran el camino del árbol de la vida.

Dios les concedió el libre albedrío, así, al morir, podían merecer el Cielo donde están los ángeles, el Purgatorio, un lugar transitorio hasta purificarse, o el Infierno, donde está Lucifer, según fueran sus conductas o "pecados" en el mundo.

Surgen de esta manera aspectos antagónicos de la condición humana y se impone una ética que estimula los aspectos positivos y sanciona y castiga los malos o negativos. Si se impone el lado bueno de la vida irá al Cielo donde estará con los ángeles. Si se impone el lado malo -de acuerdo con la intensidad y repetición- irá al Purgatorio o el Infierno donde estará con Lucifer-el Diablo.

Sigmund Freud descubre y adiciona a la estructura humana un factor relevante: el Inconsciente que está en la profundidad del hombre y también se nutre con los aspectos negativos-malos que él niega de sí mismo, que no los acepta porque entran en conflicto con la conciencia. Esta capacidad o "impulso de amnesia", esta opacidad, es la negación para alejar de sí mismo lo que no se acepta, que asusta porque su "naturaleza" pone en conflicto esos aspectos negados con la ética humana y la ética religiosa.

¿Qué significan entonces para el hombre los Ángeles y Lucifer-Luzbel-el Demonio? Para su capacidad de imaginación y fantasía representan aspectos constitutivos propios. Así expresamos: "Bueno como un ángel." "Malo como un demonio." "Vete al Diablo." "Me importa un cuerno". De este modo proyectamos y sublimamos en el ángel o el diablo nuestro lado bueno y nuestro lado malo. La angelitud se instala así en la tierra.

El temor o la soledad pueden abrumar al hombre, al niño, la joven. Los ángeles serán su compañía. Así lo expresa el cántico del Ángel de la Guarda: "Ángel de la Guarda / dulce compañía / no me desampares / ni de noche ni de día".
El Ángel de la Concesión nos otorga la solución apropiada. Si dos personas discuten y una tercera da la respuesta adecuada, le dicen: "Sos un ángel, un ángel que sabe de todo."

Los ángeles constituyen una manera más de nuestra vida y lenguaje cotidiano. Al humanizarse y socializarse, los ángeles terráqueos presentan particulares características psicológicas. Expresa una mamá "Mi hijo es tan bueno que no duda de nada, todo se lo cree. Es tan noble. Es un angelito". Las características psicológicas de este ángel son amor, afecto, ternura, candor.
Un hombre le cuenta en mal tono a su mujer: "Gané bastante dinero. Aquí te lo traigo. No me preguntes cómo diablos lo gané". Las características psicológicas de este diablo son mal genio, atreverse a lo socialmente comprometido o ilegal.
Dos personas se refieren a un amigo, buena persona, un tanto ingenuo. "Es un angelote", dice. Las características de este ángel son la amabilidad, la sencillez, la apacibilidad.
Una joven se refiere a una compañera de estudios que mereció un premio en estos términos "Yo no la aguanto. Es una tragalibros. Se cree el ángel de la clase". Aquí las características son celos, envidia, rivalidad.
Se advierte por estos comentarios que los caracteres psicológicos de los ángeles de la tierra no difieren, por el contrario se asimilan, a las características de los seres que poblamos este planeta.
Doy fin a estas elucubraciones, ideas, fantasías, con la expresión "Ojalá que los ángeles nos acompañen y protejan". Rogamos que así sea.

El que lleva la luz
Beatríz Schaefer Peña

"…el lucero de la mañana
salga en vuestros corazones."
II Pedro 1.19


Lo dijo la Visión:
fui, antes que el Sol,
Lucero sostenido del cielo más profundo
y me guarda la Noche
aunque reine en la Luz.
El fuego que todo lo atraviesa,
se detuvo en mis ojos
y estas alas son aire que levanta los sueños.
Muchas fueron las regiones
y nueve las edades del tiempo que habité
pero ahora he regresado a contemplarte
en todos los hijos de los hombres
para ofrecerme
como una antorcha eterna
y nunca más olvides el Nombre
de tu única morada
porque fui yo quien modeló tu cuerpo
barro estéril sin la forma del deseo;
porque es inútil el sacrificio
sobre tu propia desolación
y tampoco es única la puerta
que se abre a todas las respuestas.
No hay mayor condena
que el propio desencuentro.
no hay otra luz salvo esta Luz
que yo proclamo
y la sombra no es más que aquel silencio
que cerró tus labios y selló el corazón.
Soy el regocijo que te fue negado
la espada incandescente del amor,
que salva de todas las heridas
la coraza de la tierra con la fuerza del júbilo
que no se puede medir:
los senderos encontrados
del Bien y el Mal
que al fin convergen, más allá del perdón.
Y aunque todas las piedras del temor
me fueron arrojadas,
mi Nombre resplandece en la tiniebla luminosa
por encima del mundo.
Mi señal no es la muerte
sino la vida ardiendo
en las llamas de la sabiduría.
No encontrarás mis signos en ningún otro altar
mas que en aquel que se yergue
en la última victoria
y no es cierta la caída de mi Estrella:
sabrás que prevalece si atreves tu mirada.
Yo soy
el que cabalga las alturas
sin más armas que la Verdad.
Yo soy
el que conserva esa belleza intacta
que cada día buscas en tu espejo.

El ángel ciego


Detenido
en lenguas de azúcar
sobre mi boca,
alguna vez amargo sol
derramado
en la garganta.
Lo busco inútilmente.
Imposible apresar
el aleteo que emigra
su fugaz primavera.
No está. Simplemente,
se ha ido
dejando tras de sí
un despojo de noches
en la encendida mordedura
de los días.


Ya no hay quien despliegue
el lienzo de plata sobre mis hombros.


















 


Seráficas
Sara Rioja

A Leonor Calvera

Durante años, a la vera del Bósforo,
se debatió el sexo de los ángeles
y su obvia conclusión: son espíritus.
Sin embargo, la tradición homocéntrica
armó de guerreros a varones angélicos
y jamás brilló una ángela
de flamígera cabellera.
Viriles arcángeles
transportaron a Lilith, la primera fémina
castigada, a un lugar desértico
pues para Lilith era ridículo
ser una mera súbdita
de un poderoso mundo íncubo.
Su status de madre demoníaca
figura hoy en ámbitos
de libros muy sacrílegos.
Actualmente, querubines pacíficos
vuelan en misiones benéficas
ofreciendo sus dádivas
en el supremo candor de la fe.


Ángeles y artistas
Susana Fernández Sachaos


Alas, vestimentas y cabellos angélicos

Al examinar desde los lenguajes plásticos la serie de detalles que componen las distintas representaciones de ángeles, nos encontramos con una extensa exposición de obras, en las cuales aparecen toda clase de interpretaciones, producto del ensueño de innumerables artistas.
Antiguas obras escultóricas orientales de figuras humanas aladas, como personificaciones de seres sobrenaturales, influyeron en la representación posterior de los ángeles.
Se debe valorar la capacidad de las alas por la posibilidad de elevarse y desplazarse sobre la gravedad terrestre y no como figura capaz de volar en el sentido físico. Es esta habilidad la que los hace mensajeros veloces de los mandatos divinos.
Entre los zoroastrianos (c. 1200 a.C.), el espíritu guardián, especie del futuro ángel custodio, llamado fravashi, es una figura con grandes alas horizontales y simétricas, extendidas a los costados de la pelvis. En cambio las alas de los ángeles del judaísmo y del islamismo se elevan sobre la espalda, verticales u oblicuas, siempre simétricas.
Con dibujos geométricos variados se resuelve la disposición de las plumas, algunas veces semejantes a la de las aves, otras decoradas con complicados arabescos.
Sin duda hay una influencia babilónica en el simbolismo de las alas ya que los kâribu asirios estaban dotados de ellas. A la palabra kâribu del verbo acadio kârabu corresponde la hebrea kerûbîm, español querubín. Los querubines aparecen con frecuencia en el Antiguo Testamento (Ex. 25, 17-21).

Hacia 500 d.C. no se habla sólo en sentido genérico de los ángeles como mensajeros de Dios, maleachim del Antiguo Testamento, sino de jerarquías específicas. Una de las clasificaciones más completas correspondió a Dionisio Aeropagita; según él, la corte celestial se dividía, de acuerdo con la mayor o menor cercanía a lo terreno, en querubines (los más alejados), serafines, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, arcángeles y ángeles (los más cercanos).
Las visiones bíblicas de querubines (Ez. I, 5-14), serafines (Is. 6, 1-4) y de los arcángeles Gabriel (Dan. 8, 15-16), Miguel (Ap. 12, 7-9) y Rafael (Tb. 4, 3-17) han sido representados plásticamente de distintas maneras, en épocas y lugares diferentes.

Una imagen del Arcángel Gabriel con sus alas replegadas, como figura intermedia entre Dios antropomórfico y María, forma parte de una de las tantas interpretaciones de la Anunciación (Evangelio según San Lucas) en La ventana de la salvación (Catedral de Canterbury, Inglaterra).
Es notable la representación de las alas del Arcángel Miguel que se muestran como enormes planchas metálicas sostenidas por la espalda en uno de los cuadros del pintor catalán Pedro García de Benabarre (s. XV, Iglesia de Benavente en Cataluña, España).

En una ilustración del Miraj (ascensión de Mahoma a los cielos), basada en el Khamseh (quintilla), escrito en 1543 por el poeta Nizami, aparecen ángeles con rasgos orientales y alas policromas, extensas y agudas en sus extremos.

No siempre son bellos los ángeles, cuando se representa a los rebeldes que cayeron en las profundidades del infierno, se contrasta el bien y el mal, la belleza y la fealdad respectivamente. Uno de los ventanales de la Catedral de Ulm en Würtemberg, Alemania (c.1420), ostenta la caída como una lucha entre ángeles vestidos de caballeros con alas rojas y azules, armados con espadas, que contrastan el color de sus caras iluminadas con los demonios de color grisáceo. Lucifer ocupa el centro del ventanal, su túnica es roja en alusión al fuego del infierno, sus alas son alas de murciélago, para diferenciarlo de las ligeras alas del ave con que se dota a los ángeles del cielo.

Otra obra sobre la Anunciación del ángel a María se encuentra en un vitrail de la Capilla Jacques Coeur de la Catedral de Bourges, en Cher, Francia. La figura del ángel con los rasgos faciales del donante, Jacques Coeur, está concebida para producir un efecto corpóreo y crear la sensación de perspectiva. Las plumas de las alas, el cabello y la tela del vestido se caracterizan por marcar especialmente la diferencia entre un material y otro.

En El entierro del Conde de Orgaz, famoso cuadro del El Greco, óleo sobre tela que se encuentra en la iglesia de Santo Tomé, en Toledo, España, un ángel de cuerpo entero y otros como cabezas aladas, incorpóreos, enriquecen la composición.
Dentro de la escenografía angélica los vestidos forman parte de la imaginería de las obras. Los ángeles son cubiertos con paños de distintas texturas y notables por los pliegues y drapeados, sobre todo en grabados y pinturas. En escultura, las figuras parecen esconderse entre los remolinos caprichosos de las telas como lo expresa el escultor maltés Melchiorre Caffá (s. XVII) en el Éxtasis de Santa Catalina de Siena (Iglesia de Santa Caterina a Magnanapoli, Roma).
En un icono del siglo XIII, dedicado a la Natividad y adoración de los Reyes Magos (Escuela Regional de Novgorod, Rusia) los ángeles aparecen vestidos de cuerpo entero con el brillo de la seda.

Los cabellos, otro de los atributos que merece ser destacado, imprimen movimiento a las cabezas angélicas cuando dan la sensación de ser movidos por el viento. En otras representaciones son estáticos y pesados con formas de rulos u ondas. Una famosa obra con estas características es Ángeles sosteniendo el tabernáculo (siglo
XVIII), del escultor sienés Giusseppe Mazzuoli (Iglesia de San Martino en Siena, Italia)

Los enigmas de la expresión

En la figuración de los ángeles la expresión de las caras nos convoca a la contemplación de los gestos.
Por un lado es el espíritu de la realidad contradictoria del mundo circundante al artista el que se plasma en la obra, por otro lado es el hombre, quien finalmente imagina y crea desde su microcosmos.
Crudeza, verismo, despojamiento, ingenuidad, rebeldía son algunas de las tantas emociones que el artista elige para las expresiones faciales angélicas.
El ángel músico que forma parte de la composición del cuadro La fiesta del rosario (siglo XVI), del pintor y grabador alemán Alberto Durero, expresa ausencia de dulzura como en la mayoría de las caras durerianas. En oposición recordemos a los ángeles del escultor italiano Gian Lorenzo Bernini, quienes con expresión sonriente y comprensiva acompañan a otros personajes como en Habacuc y el ángel (siglo XVII).

Esta no es más que una corta exposición de las imágenes de ángeles creadas por la fantasía de pintores, grabadores, escultores, izógrafos y vitralistas.

El hombre entre el ángel de luz y el ángel de sombra, resulta ser el punto de convergencia de la creación, tan sólo un eslabón entre los mortales, entre los cuales se cuenta, y los espíritus inmortales del entorno metafísico.

 


El ángel y las cenizas
Anny GuerriniI

I

La niña de cabellos de obsidiana
apura la copa de hiel.

Una palabra descarnada
rueda por el borde de la cornisa
y bajo las altas palmeras canta una luna negra.

La que no regresa
acuna en sus brazos un ángel muerto.

II

En la noche sin luna
la niña llora el cansancio de su dolor.

Desde el alba el viento aviva las cenizas.
Esta mujer de vientre vacío
hunde las manos en la tierra.

Cerca de la Cruz del Sur
en una estrella innominada
un ángel clava sus alas

 

Recuerdos del ángel
Sally Arrivillaga


Nostálgicos y memoriosos vecinos del barrio de Belgrano nos traen recuerdos y anécdotas de una antigua y desaparecida mansión a la que rodeaba un umbroso y colorido jardín.
En la entrada principal de la residencia, que se abría sobre la calle Cuba, resaltaba un señorial portón de hierro, donde se veía a un criado moreno, vestido con una librea teatral y calzón corto, que oficiaba como guía y escolta.
En el frente de la casona asomaba su figura un bello ángel, que parecía brindar una cálida acogida. En efecto, la cordial generosidad del dueño, el doctor Delcasse, corroboraba luego esa primera impresión.
Era Delcasse un polifacético empresario que ofrecía en sus salones veladas inolvidables donde calificadas personalidades de la época se reunían a escuchar música o comentar las novedades del momento.
En otro sector de la casa, la sala de armas estaba abierta para los diestros espadachines que competían en la pedana con recios mandobles de espada o delicadas fintas de florete. Asimismo, se efectuaban allí caballerescos duelos por defender el honor de una dama o por motivos menos románticos como un incumplimiento económico o divergencias políticas.
Poco a poco se fue apagando el sonido del piano, el entrechocar del acero y el silencio, como un manto de niebla, cubrió las viejas paredes que se perdieron en el pasado.
El Ángel de Belgrano, libre al fin, levantó vuelo y con seguridad marchó a reunirse con los coros de los ángeles celestiales.


La muerte del angelito (Una tradición que perdura)
Susana Dillon

"Los mitos muestran más de lo que encubren,
que a través de lo que declaran.
Su mecanismo consiste en recordar
un fragmento de viday dotarlo
de una alta significacióna fin de inscribirlo
en la esfera de lo ejemplar,
o sea, de lo venerable y durable."
Adolfo Colombres. Seres Mitológicos Argentinos

La veneración de los niños muertos antes de cumplir los siete años es una antigua y arraigada tradición en las provincias del Norte, sobre todo en Santiago del Estero. Desde hace añares, debido a la pobreza y el abandono de esta región por parte de las autoridades, la mortalidad infantil ha sido una constante. En especial en zonas rurales donde la asistencia médica no llega, la muerte de los niños de corta edad es algo que se toma como una fatalidad ineludible. Por otra parte, los hogares más pobres son también los más prolíficos, ya que la planificación familiar se desconoce. Muerta la criatura, el único alivio es pensar que hay una boca menos para mantener. En esas circunstancias, los padres deben hacerse cargo de los gastos y ajetreos del velatorio a cuyo fin avisan primeramente a los padrinos del difunto quienes participan a los vecinos y parientes para que asistan a honrar al "angelito".
El ritual, ya sea en familias pobres como acomodadas, es casi el mismo. La madrina acicala al muertito con la mejor ropa que consigue, lo sienta en su pequeño féretro y le pone alas de papel atadas con cinta para que reciba dignamente a quienes lo vayan a despedir.
Si bien hay escenas de angustia y llanto, todos están de acuerdo en que el bebé -o el niño- se "va derechito al cielo, ánima bendita, porque murió inocente de las maldades del mundo". Durante la noche se le baila, se le canta y se le dicen frases amorosas acompañadas de oraciones pidiéndole que, en llegando al cielo, abogue por sus amigos y parientes ante Tata Dios.

Son figuras muy principales los musiqueros que vienen a sumarse al bombisto, el violinista, los guitarreros y el de la caja. No debe faltar bebida en la reunión, ya sea aloja fermentada, café en jarro, caña, aguardiente o ginebra, mezclados con té de tala o poleo. Todo debe estar muy bien regado para aguantarse en vela toda la noche haciéndole compañía al finadito. En las familias pudientes se sirve asado de chivito o cordero, colaborando la concurrencia con los gastos.
El cadáver, sentado en su ataúd, es retocado permanentemente por la madrina o un pariente mayor cuando comienza la exudación.
Al primer canto de gallo, cerca de la medianoche, los padrinos trajeados con atuendos domingueros como los demás deudos, dan comienzo al "baile del angelito": alzando el féretro, danzan al compás de la música haciendo mudanzas y zapateos. Los demás participantes, por turno, harán lo propio dando un breve paseo por la pieza, la enramada y el patio de la casa mientras alternan con profusas quemas de cohetes y sucesivas libaciones. De tanto en tanto se sirven pastelitos rebozados en miel y aguardiente, lo que caldea el clima del ritual. Con tales ingredientes, el ambiente se va alterando. A veces se originan grescas de palabras, pero pronto se terminan cuando se acude a la autoridad para que intervenga con los violentos.
Si los parientes enlutados son muchos, los miembros principales de las familias piden al angelito para que sea velado en los ranchos vecinos, donde se repite el rito. En ocasiones la demanda dura tres noches -o hasta que aguante la concurrencia el hedor del cadáver.

Las circunstancias que rodean el último adiós a los niños fallecidos, junto con las quejas de la Iglesia que consideraron esa costumbre como burda superstición, hicieron que el Poder Ejecutivo de Santiago del Estero prohibiera esta tradición "dada la intensidad y frecuencia con que se celebran los 'velorios de angelitos', rezabailes, telesíadas y otras fiestas paganas". Se instruyó a la policía para que se hiciera cargo tanto del cumplimiento del decreto como de prohibir las funciones de rezadoras y bautizadores que lo hacían sin la autorización de las jerarquías eclesiásticas que consideraban a esta práctica como bochornosa para la cultura y la religión.
Sin embargo, pese al andamiaje represivo que se instauró, el ritual no sólo se siguió practicando sin que se extendió hasta Córdoba.
Una referencia histórica que data de 1826, la del inglés John A. Beaumont, describe así un velorio de angelito de la clase acomodada: "Una noche fuimos invitados a un baile en casa del alcalde, dado para celebrar la muerte de su niño, único hijo heredero. El motivo de esta fiesta nos pareció extraordinario y repudiable, con todo, aceptamos la invitación.
Al entrar en la sala encontramos el recinto lleno de damas y caballeros bien vestidos, danzando danzas españolas y minuetes con acostumbrada gracia y viveza. Una orquesta de cuatro músicos animaba la reunión. El mate circulaba en copas de plata que eran ofrecidas por los esclavos. En un extremo de la sala y sobre plano inclinado estaba colocado el cadáver del pequeño, vestido de seda, con adornos de plata y demás decorados con cantidad de flores y velas de cera. Una esclava, de pie hacia un lado, le enjugaba la materia que exudaba por los ojos y la boca. Entretanto la familia y todos los invitados se mostraban muy contentos por la forma en que había sido arreglado y la danza continuó hasta la una de la madrugada. Se nos informó después que esta costumbre proviene de la creencia, común entre estas gentes, de que si un niño muere antes de haber alcanzado los siete años, va al cielo con toda seguridad. Se supone que antes de esa edad no ha adquirido los defectos propios de la naturaleza humana. Apartado así desde sus primeros años de las inquietudes que experimentan los de mayor edad, el tránsito de esta vida a la otra se mira como un favor especial del Todopoderoso, de ahí que se les designe con el nombre de ángeles."

Tanto en las salas coloniales como en los sencillos medios rurales, se cantaban coplas alusivas al inocente fallecido cuya letra es más o menos así: "yo tenía un hermanito / me dijo que iba a pasear / vamos, hermano le dije, y empezamos a llorar. / La madre de este angelito / es cierto que está de duelo / este verso que le canto / le sirva de consuelo".
Asimismo, se cantaba este verso, como si fuera dicho por el finadito: "Adiós mi padre y mi madre / adiós mis queridos tíos, / adiós todos en común, / adiós hermanitos míos. / Madrecita de mi vida / ahora basta de llorar / no me mojes mis alitas / que no'i de poder volar".

En la soledad agreste de los campos, suena el bombo y llora el violín campesino original con su intenso y enloquecedor ritmo. Qué raro e incomprensible contraste despedir a un niño amado en medio del jolgorio, la danza y el canto. Es que el culto de los muertos en Latinoamérica, que viene de nuestras ancestrales culturas nativas, nos lleva al inframundo que, a pesar de tantas aculturizaciones, sobrevive.


Cf. Félix Coluccio. Diccionario Folklórico Argentino. Tomo I. Ed. Plus Ultra.
Susana Dillon. Trabajos de campo.


El ángel al cuidado del hombre (1)
María Raquel Fischer


En el contexto de esta breve meditación dejamos de lado tanto las reflexiones teológicas como las descripciones bíblicas, que si bien son necesarias para hablar adecuadamente del ángel, sin embargo exceden nuestra tarea.2
Nosotros que hemos guardado en el horizonte de la memoria la presencia durmiente de un ángel custodio, tan sólo intentamos despertarla para contemplar el misterio de su presencia sagrada en medio de las dificultades de la vida, una tarea que le ha sido encomendada y que percibimos cuando caminamos en su cercanía protectora.3 De esta manera, a través de un reconocimiento de su existencia, saludamos con frescura matutina las especulaciones más teóricas de una angelología.4

Encontrar su huella

Porque el caminar del ángel en compañía del hombre no es intelectual o reflexivo sino personal e histórico. Por eso hablar de ellos y meditar sobre su figura pide una pedagogía interior, un clima de piedad que haga posible el diálogo cordial con estos personajes celestes.
En primer lugar requieren del lenguaje de las imágenes y de la fuerza creadora de la fantasía que da morada a las presencias imposibles. Frente a estos poderes la razón siente que no tiene firmemente trazados sus límites de una vez para siempre ni son éstos muros infranqueables. Sin embargo no todo lo que se presenta con forma alada es angélico. La industria fílmica muestra suficientemente este proceso, pensemos por ejemplo en Batman o Superman.5 Porque también el hombre de hoy necesita fabricarse la imagen de un héroe, de un semidiós que le sirva ejemplarmente. De este modo satisface el oscuro deseo de trascender los límites de la condición humana, incluso retornar a una perfección primordial que anida en su inconsciente.6 Tal vez se podría hablar de un polimorfismo angélico que viene desde los umbrales del mundo y desde lo más hondo del corazón humano el cual, en el desborde de sus sueños, se permite dar lugar a lo que imagina.7 Pero son estos espacios límites los que convocan y acrecientan una imagen adecuada del ángel. Allí nuestra mirada interior rastrea la irradiación de su luz que alumbra la confusión de la existencia, especialmente en aquellos tiempos en que acentuado el tránsito sentimos mejor la fragilidad y la ruptura inherente a él.8
En segundo lugar la razón humana, aún cuando mantenga la conciencia de sus límites, tiene también que hacer más transparente el campo de sus afirmaciones. Porque no toda realidad por el hecho de ser espiritual es angélica ni alcanza la categoría del espíritu para pensar la realidad del ángel. Su pertenencia al mundo de lo creado no significa necesariamente el reino de Dios. Más aún si fuera su perfección sólo su espiritualidad, no tendrían por qué tener relación alguna con el hombre, ni cumplir respecto de la historia de éste, una misión eterna. Más bien se trata de criaturas celestiales que saben del misterio único e irrepetible del ser hombre, porque a ellos les fue "primero" permitido, consentido y exigido aquel acto supremo de libertad en virtud del cuál, precipitándose en los abismos del cielo, fueron para siempre "bienaventurados".9 Son habitantes de una región intangible y en todo sobrehumana. Su ser espiritual les permite moverse en la esfera de lo trascendental, de la verdad, la belleza y el orden, lo cual se expresa en su carácter alado. En el ángel la belleza cobra un rostro ante el corazón del hombre y se le torna elocuente. En su belleza el ser se hace poderoso por el amor y conmueve al corazón. En él la belleza es un estado de perfección sagrada y celestial que se manifiesta al espíritu cuando, desbordado por su piedad, se dispone a construir con el cielo un destino de amor. "No temas" son siempre sus palabras, y yendo y viniendo entre el cielo y la tierra, jamás llega a fatigar. Los ángeles son ya figuras de conversión, pertenecen al mundo sagrado y están al servicio de un "destino santo".10
Finalmente hablar del ángel y tratar con él requiere seriedad en el lenguaje: es decir lograr que la palabra que lo nombra lleve la voz humana a la expresión casi sublime de alabar, celebrar y testimoniar el reino de los cielos. Participan de una liturgia cósmica, enviados de las alturas, dan fe por la palabra de lo que va a suceder o de lo ya sucedido, pero vueltos a lo alto, entran en un cántico de eterna alabanza y celebración. Revelan en la palabra lo oculto, pero lo revelado lo conservan en la intimidad del amor. Tanto en su presencia cósmica como en su presencia cordial, el espacio de amor que inauguran permite pronunciar la palabra que revela el misterio sagrado, y sólo en ese ámbito amoroso, el misterio revelado es protegido. Se abre con su presencia un nuevo orden, un espacio de sentido y una potencia numinosa a la que el hombre se entrega con disponibilidad orante. En este lugar santo el hombre presiente con oído atento la tangencialidad del misterio.

Mirar la dirección de su vuelo.11

En su movimiento ascendente, el ángel es el intérprete del tiempo: cruza los espacios celestes en dirección al cielo. Como lo muestran las Sagradas Escrituras, por ejemplo en los Hechos de los Apóstoles, a pesar de las puertas cerradas y de las cadenas, siempre resuena el canto del partir. Porque la libertad exige el quiebre, la pesadez del metal entra en movimiento hacia lo inmaterial del aire. El ángel trae la inestabilidad que desarraiga, pero también la amplitud que libera. Este abierto que vigila no refleja más que la ronda de las estrellas y la danza de los cuerpos puros.
En su movimiento descendente, es el "mensajero del silencio de Dios". Él transmite el mensaje en la medida en que encarna la misión que le ha sido encomendada y extiende a los hombres la generosidad de un instante donador. El ángel es aquella presencia celestial que, visitando la morada humana, transgrede su soledad y entra en comunión espiritual con el hombre; cuidando de él se convierte en "guardián de su alma". Se abre así una solidaridad ontológica de difícil reconocimiento entre los puros vínculos humanos.

Escuchar su voz

La visión de Dios en cuya adoración permanecen no les impide cumplir con su misión. Desde el cielo están continuamente "provocando" y "desatando" el nudo de la trama aquí en la tierra. Los ángeles tienen su misión como personajes en el único teo-drama que se realiza entre el cielo y la tierra. Quien haya vivido las experiencias de la vida con las dificultades que abruman, sabe lo que significa mirar al cielo en búsqueda de resolución y destino eterno. Nuestra mirada dirigida hacia lo alto sale hacia un ámbito de luz que la llena de sobre-elevación, y algo grande, de santo esplendor, se abre hacia nosotros desde allá arriba.12 El ángel se presenta entonces como aquel amigo que respeta el honor insustituible del ser-hombre, pero al mismo tiempo lo cura de la desmedida de la soledad que es el germen de su soberbia. Su presencia crea el gesto cordial del corazón de aceptar humildemente un compañero en la existencia finita. Su mirada alada llega más lejos que la del hombre, ve lo que el hombre aún no puede ver, penetra el tiempo y está en el tiempo y, sin embargo, en permanente transgresión del mismo.
Ya no se trata del encuentro con aquel que habla el mismo lenguaje o que habita la misma tierra, sobre cuyos vínculos telúricos se funda la hermandad. Se trata más bien del encuentro con alguien cuya vida es diferente, cuya patria es lejana y sin embargo con él podemos formar una comunidad amorosa, una proximidad respecto de la cual toda comunión cósmica es sólo apariencia. Una comunidad de amor apoyada en la mirada interior que lleva la vida a lo esencial.
Mediador y mensajero, ellos entran en la corriente de este río celeste por el cual la creación entera participa de la plenitud de la luz. Manifiestan en el tiempo lo que será la eternidad. Y si bien para sí mismos ya no tienen nada que alcanzar, su servicio a Dios y al hombre es una permanente ejecución musical en la que alaban, celebran y realizan para siempre una "perfección santa".

Conversar con él

De niños curábamos nuestros miedos con la figura del ángel. Ya adultos necesitamos internalizar su imagen con nuevas fuerzas. Porque estamos expuestos al riesgo de nuestro más íntimo sí mismo, y en este núcleo somos extraños. Muchas veces la vida nos enreda, nos quita libertad y nos asusta, pero son también los momentos en que nuestra mirada se pierde en lo inefable, y desde el corazón del cielo sentimos cantar una alondra. Tal vez ahí está el ángel, ganándonos para el ser inmenso. Porque de lo contrario ¿cómo hacer esta historia de "mensajes eternos" si no tenemos quién nos anoticie de ella? Alguien tiene que hablarnos del cielo donde la vida ya es hermosa. Alguien que no juegue con nuestro destino y que defienda incondicionalmente nuestro honor humano. Tal vez sea un ángel el que lleve al cielo las alegrías y las tristezas de esta tierra, y que al agitar sus alas nos hable del ritmo permanente de una resurrección que levanta la pesadez del alma. Quién si no el ángel nos llevará algún día a los umbrales de lo Santo, murmurando con nuestro nombre nuestros grandes amores y cubriendo con la entrega los brazos del amado.
Quisiera terminar esta meditación con el hermoso poema de la poetisa argentina Olga Orozco Conversación con el ángel:13

Contigo en aquel tiempo yo andaba siempre absorta,
siempre a tientas, a punto de caerme, pero indemne y eterna,
tomada de tu mano.
Ya casi te veía, lo mismo que al destello de un farol en la niebla,
una señal de auxilio en la tormenta.
Sí, tú, mi sombra blanca, transparencia guardiana,
mi esfinge azul hecha con el insomnio y el íntimo temblor de cada instante,
igual que una respuesta que se adelanta siempre a la pregunta.
Sin duda en algún sitio aún estarán marcados tus dos pies delante de mis
pasos porque te interponías de pronto entre mi noche y el abismo.
Sospecho que convertías en refugios dorados mis peores pesadillas,
que apartabas las setas venenosas y las piedras sangrientas.
Y venciste acechanzas y castigos,
y llorarás después un larguísimo tiempo con mis
lágrimas, vestida con mi duelo.

Después, mucho después, en esos años en que creí perderte

en algún laberinto o en una encrucijada,
fue cuando me dejaste a solas, tan mortal, en el destierro.
Quizás te convocaron de lo alto para un duro relevo,
Y acudiste como un vigía alerta sin mirar hacia atrás,
aunque a veces descubrí tu perfume de nube y de jazmín en una ráfaga
y hasta palpé la suavidad que deja la huida de una pluma debajo de la almohada.
Ahora, ya replegada toda lejanía con un golpe ritual,
como en un abanico que se cierra,
frente al fuego donde arde de una vez el lujoso inventario de todo lo imposible,
contemplamos los dos el muro que no cesa,
no aquel contra el que lloraríamos como estatuas de sal a la inocencia,
su mirada de huérfana perdida,
sino, el otro, el incierto, el del principio y el final,
donde comienza tu oculto territorio impredecible,
donde tal vez se acabe tu pacto con el silencio y mi ceguera.

1 Estas páginas recibieron su forma final en el mes de febrero de 2003 en un hermoso lugar de Luján, la Abadía Benedictina. La biblioteca y su delicioso jardín están rodeados de ángeles. Por todo esto, vaya mi sincero agradecimiento a la comunidad.
2 Cf. Señalamos algunos textos que pueden clarificar estas cuestiones: Georges Tavard Historia de los Dogmas. T.II .Cuaderno 2b Los Ángeles. Ediciones BAC Madrid 1973. También cf. Malcome Godwin Ángeles. Una especie en peligro de extinción. Ediciones Rolinbook. Barcelona 1991. Henry Corbin Nécessité de l´angélologie en L´Ange et L´Homme. Cahiers de l´Hermétisme. Editions Albin Michel, 1978. Paris.
3 Cf. el hermoso libro de Anselm Grün Todos tenemos un ángel. Traducción del original en alemán Jeder Mensch hat einen Engel. La edición en español fue realizada por la editorial Bonum en mayo del 2001.
4 Cf. Tomás de Aquino, Tratado de los Ángeles en Suma Teológica. Ediciones BAC. Madrid MCMLIX. Pág. 607 y ss.
5 Cf. Olivier Mongin Qui fait l´ange? En Le Réveil des anges. Dirigé par Olivier Abel. Éditions Autrement Collection Mutations nº 162. París 1996. También cf. Recuerdos Arcaicos en Ángeles. Una especie en peligro de extinción de Malcome Godwin. Op.cit. pág. 202 y ss.
6 Cf. Mircea Eliade Lo Sagrado y lo Profano, el capítulo Lo sacro y lo Profano en el mundo moderno. Ediciones Guadarrama. Madrid 1973. pág 169 y ss.
7 Cf. por ejemplo el origen de los ángeles arcabuceros en Ángeles Apócrifos en la América Virreinal de Ramón Mujica Pinilla. Fondo de Cultura Económica. Instituto de Estudios Tradicionales. Lima-México-Madrid 1992.
8 Para una problemática semejante y que nos toca más de cerca a los latinoamericanos cf. Iris Gareis Wie Engel und Teufel in Die Neue Welt Kamen. Imaginationen von Gud und Böse im Kolonialem Amerika en Paideuma. Mitteilungen zur Kulturkunde. Sonderdruck 45: 257 - 273 (l999)
9 Cf. San Agustín Del Génesis a la Letra. Libro I, capítulo V, 11 Ediciones BAC. Madrid MCMLXIX.
10 Cf. Jean-Louis Chrétien La connaissance angélique en Le Réveil des Anges, op. cit. pág. 129 y ss.
11 Aquí está presente lo que Stanislas Breton llama la función metá, cf. por ejemplo L´aile de la métaphore en Le Réveil des Anges, op.cit pág 166 y ss.
12 Para la fundamentación metafísica de estos movimientos cf. Stanislas Breton Poétique du sensible. Les Éditions du Cerf. 29, bd Latour-Maubourg, Paris. 1988
13 Este poema figura en el libro de la autora titulado Eclipses y Fulgores. Antología. Editorial Lumen Barcelona 1998.


   
  GRUPO NÉMESIS - Buenos Aires - Argentina